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26 / 01 / 2026
Territorio

El murciélago magueyero, habitante de las cuevas de Ocotitlán

En Santo Domingo Ocotitlán, en Tepoztlán, se encuentra el único refugio reproductivo de este murciélago en todo el centro de México.

Dos kilómetros bajo la tierra, Tepoztlán guarda uno de sus más grandes tesoros. Desde tiempos inmemorables, cada septiembre una colonia de miles de murciélagos magueyeros mayores (Leptonycteris nivalis) llega desde lejos a buscar refugio en la  Cueva de Oztuyehualco —también conocida como la Cueva del Diablo— en la comunidad de Santo Domingo Ocotitlán, uno de los pueblos del municipio.

Foto: La posada del Valle

El murciélago magueyero mayor recorre más de 1,500 kilómetros desde Texas y Nuevo México hasta llegar a este lugar. El camino es largo, pero vale la pena: la cueva es el lugar ideal para aparearse y que nazcan las crías, en parte por sus condiciones térmicas que ofrecen un microclima con humedad y temperatura constantes. Por eso, la Cueva de Oztuyehualco —parte de un sistema de cuevas de origen volcánico, que forman secuencias de túneles y cámaras —es vital para el corredor migratorio de la colonia. En todo México solo existen seis sitios semejantes, y este es el único en toda la región centro.

Pequeño navegante de la noche

El murciélago magueyero mayor es un animal muy especial y nos invita a sentir un asombro profundo por el mundo natural. Esta especie poco más que una moneda de diez pesos y mide menos de ocho centímetros, pero cada noche vuela hasta 100 kilómetros en busca de alimento. Gracias a su hocico alargado y su lengua extensible alcanza el néctar en lo profundo de las flores de magueyes que crecen en las laderas de Ocotitlán y las comunidades vecinas, como Amatlán y Santiago Tepetlapa.

Al caer la noche, los murciélagos salen de la cueva de Oztuyehualco en columnas oscuras que se dispersan hacia los campos donde aún hay magueyes silvestres. Dicen que son como colibríes nocturnos por su vuelo pausado, casi suspendido, mientras se alientas de decenas de flores hasta el amanecer. 

Foto: Karine Aigner / TNC

Polinizador, reparador de paisajes y aliado cultural

Los murciélagos magueyeros tienen una relación simbiótica con los especies silvestres de la zona que resulta más importante que nunca. Transportan polen entre poblaciones de agaves separadas por distancias que ningún insecto podría cruzar. Esta capacidad de conectar plantas aisladas, mantiene la diversidad genética necesaria para que los agaves resistan el cambio climático. Las investigaciones muestran que sin estos murciélagos, la producción de semillas cae por debajo del 5% de su capacidad natural, comprometiendo la regeneración de especies como Agave salmiana y A. angustifolia que crecen en la zona. En pocas palabras, la existencia de los agaves silvestre depende significativamente de esto animales alados. Sin ellos, dejarían de existir muy pronto.

Estos murciélagos forman parte de un grupo de polinizadores nocturnos que incluye especies como Leptonycteris yerbabuenae y Choeronycteris mexicana. Durante millones de años, esta relación ha moldeado tanto las flores de agave —que se abren de noche y producen néctar abundante— como las adaptaciones físicas de los murciélagos que las visitan. En pocas palabras, el murciélago magueyero mayor no solo es un animal adorable, también tiene una importancia ecosistémica fundamental, y en el caso de los agaves silvestres, su presencia es decisiva. También, poliniza otras especies silvestres, características de algunos de los ecosistemas de Tepoztlán, como el cazahuate (Ipomoea murucoides) y el pochote (Ceiba aesculifolia).

El declive de esta especie

La población del murciélago magueyero mayor ha caído drásticamente en pocas décadas. En México se le clasifica como especie amenazada, según la NOM-059-SEMARNAT-2010, mientras que en Estados Unidos se considera en peligro de extinción. Esto resalta la urgencia de asignar recursos e implementar medidas de protección más rigurosas.

En Tepoztlán, la urbanización acelerada representa la principal amenaza para la colonia de murciélagos que habita en esta cueva la mitad del año. El crecimiento urbano impulsado por las dinámicas de ‘Pueblo Mágico’, la ampliación de la autopista y la migración intensiva durante la pandemia han multiplicado los asentamientos en la zona, deteriorando áreas protegidas y alterando el paisaje. A esto se suma la venta indiscriminada de tierras y permisos de construcción, y una falta de atención por parte de los distintos niveles de gobierno.

Imagen: Google Earth

Directamente sobre la cueva donde se reproducen los murciélagos han aparecido múltiples asentamientos en la última década. Las vibraciones provocadas por el tránsito local de autos, y especialmente camiones de carga y maquinaria que circulan en calles nuevas, construidas sin estudios geológicos previos, debilitan la estructura interna de las grutas. Se han identificado zonas de apenas cinco metros de grosor con alto riesgo de colapso.

Otro factor que amenaza al murciélago magueyero mayor en Tepoztlán, es la pérdida de plantas alimenticias y la fragmentación del hábitat. Comenzando por sus corredores inmediatos, por ejemplo la ruta que conecta a Ocotitlán con Amatlán, vía parajes como Xaltitla y la Tepexinola, donde recién aparecieron por primera vez asentamientos que se multiplican aceleradamente. También, en los corredores que van en dirección a Milpa Alta y Tlalnepantla, donde la tala clandestina se combina con la sustitución del bosque por siembra a gran escala de nopal y aguacate, se ha reducido significativamente la disponibilidad de magueyes silvestres que los murciélagos necesitan para alimentarse. Finalmente, el uso de pesticidas y agroquímicos produce efectos neurológicos en estos animales, como el debilitamiento del sistema inmune y la disminución de su capacidad reproductiva. 

El paisaje futuro de esta especie es preocupante. Tan solo en el caso de la cueva de Oztuyehualco, que alguna vez albergó hasta 9,000 ejemplares, ahora recibe tan solo a unos 3,000. Esta reducción del 67% marca el deterioro gradual de un sistema ecológico y cultural milenario.

Medidas urgentes de conservación del murciélago magueyero mayor

En 2025, la cueva de Oztuyehualco del murciélago magueyero mayor fue reconocida como Sitio para la Conservación del Murciélago (SICOMS) y forma parte de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (RELCOM). Si bien esta es una gran noticia para el futuro de esta especie, queda mucho por hacer para garantizar su conservación.

Entre las medidas que podrían aplicarse con urgencia, de acuerdo con especialistas, se encuentran las siguientes:

1. Reclasificación inmediata en la NOM-059-SEMARNAT-2010

Se debe promover urgentemente la reclasificación de “Amenazado” a “En Peligro de Extinción”. Esta modificación permitiría obtener mayores recursos para su conservación, y sanciones más severas a cualquier actividad que dañe o amenace su hábitat.

2. Actualización urgente del Programa de Manejo del Parque Nacional El Tepozteco

Conforme al Reglamento de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) en materia de Áreas Naturales Protegidas (ANP), el Programa de Manejo debe actualizarse para incluir zonas núcleo de protección especial y de amortiguamiento, así como el establecimiento de corredores biológicos y protocolos de monitoreo.

3. Campaña de concienciación e involucramiento comunitario

El involucramiento comunitario para reforzar labores de vigilancia y monitoreo, así como una campaña regional que evidencia la presencia e importancia tanto de la Cueva de Oztuyehualco como de sus habitantes, es fundamental para complementar los esfuerzos por proteger al buen murciélago magueyero.

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El murciélago magueyero mayor es parte entrañable de la identidad de Tepoztlán, de su singular riqueza biocultural. Por eso, proteger a esta especie alada es un forma de procurar la historia y porvenir del municipio y sus pueblos, de la identidad histórica desde la cual debiera tejerse el futuro de estas tierras.

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